Porlamar
11 de abril de 2021





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Sostener la mirada
Amigas, jamás ocultemos este hecho que nos afecta a todas. Debemos ser fuertes para no dejarnos llevar por infinitas órdenes de la sociedad disfrazadas de sugerencias, resumidas en “mientras más te tapes, mejor”.
Dalal El Laden

4 Feb, 2021 | “Aquella era mi primera visita a Karachi como ‘joven adulta’. Con esto quiero decir que ya me venía la regla y tenía pecho, hecho que afectó mi experiencia allí mucho más de lo que yo misma había imaginado. Nada más bajarme del avión con Razia Nani me di cuenta. En lo masculino que era el mundo que me circundaba. Noté los ojos, los ojos de los hombres, perforando mi ropa en un intento por ver lo que había debajo. Ese día llevaba vaqueros, un error en cuya cuenta caí y que rectifiqué desde el instante en que pisé la casa de Lubna Jala, pensando que la visión de una joven en vaqueros era lo que estaba provocando el revuelo entre los hombres. Pero cuando me puse shalwar kamiz y una dupatta no se notó mucho la diferencia. En un momento dado, durante una expedición de compras con Yamila Jala y Zehra (…) empecé a sostener la mirada a los hombres que mataban el tiempo sin nada que hacer, apoyados en las puertas de los puestos del bazar.

–¡Saira! ¿Qué estás haciendo? ¡Baja la mirada, por Dios!– me gritó Yamila Jala al darse cuenta de lo que hacía–. Tienes que bajar la mirada. Es la única manera de manejarlos. Bajar la mirada, ignorarlos, fingir que no te das cuenta. Devolverles la mirada sólo sirve para provocarles un escalofrío barato, como si estuvieses invitándolos a mirar más.

–¡Pero es tan desagradable! ¿Por qué miran así? Me hacen sentir muy… ¡muy sucia!

–Miran porque son hombres –gruñó mi diminuta tía con una impaciencia dirigida por igual a mí y a los hombres que teníamos alrededor–. Si no te agrada, utiliza tu dupatta para cubrirte la cabeza.

–¿Qué? –Hice lo que me sugería–. ¿De qué va a servir eso?

–Les manda un mensaje. De que eres buena chica, una chica recatada. No va a impedir que sigan mirando pero tú te sentirás más a gusto, más protegida.

No me sentí así. Me sentí frágil y dolorosamente consciente de mi propia feminidad. Vulnerable. Y resentida por que me hubieran hecho sentir así”.

Lo transcrito es parte de “Su mano sobre mi frente”, novela de Nafisa Haji. Muy bien sabemos que lo aquí señalado, nuestra realidad como mujeres, no es ficción. También me han visto como a Saira, y me he sentido igual que ella tanto en México, España, Venezuela y Líbano, países en los que he vivido. No, de ninguna manera se trata de cubrirnos para evitar “provocaciones”, ya que he salido hasta en bata, en la que para nada se nota la forma del cuerpo, y la mirada es la misma.

Amigas, jamás ocultemos este hecho que nos afecta a todas. Debemos ser fuertes para no dejarnos llevar por infinitas órdenes de la sociedad disfrazadas de sugerencias, resumidas en “mientras más te tapes, mejor”. Por más que intenten persuadirnos, tengámoslo siempre presente: el error es de ellos, no nuestro. No caigamos en la trampa. No cambiemos nuestra forma de vestir por nada ni nadie, ya que dejaríamos de ser, perderíamos nuestra esencia.

Aquí, en Líbano, veo mujeres con vestidos holgados y con el cabello cubierto y noto el mismo acoso a su alrededor. Por lo general, ellas siguen la recomendación de Yamila Jala. Otras, como Saira, sostenemos la mirada, sin embargo, falta decirles lo que merecen. Y vuelvo a mi cuaderno: ¿Cuándo las palabras traspasarán el papel? Para cerrarlo y continuar sobre estas teclas: ¿Cuándo traspasarán la pantalla?

Ghaza, El Valle del Bekaa (Líbano), 1 de febrero de 2020.




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