Porlamar
11 de abril de 2021





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¿Qué será lo que me duele?
Aparto el cuaderno y me pregunto: cuándo nos imaginamos estar entre ese río de gente cruzando desde el terruño amado, rumbo a otras tierras desconocidas, entre maldiciones y empujones de autoridades; huyendo del desbarajuste inducido por el pésimo gobierno.
Mélido Estaba Rojas melidoestaba@gmail.com

28 Ene, 2021 |En esos ratos de poesía, por los que todos pasamos en algún momento, comencé a soñar versos con la pretensión de burlar mis dolores… pero entendí que ya no tengo capacidad para determinar qué es lo que me duele… además está demasiado trillado decir que me duele el corazón y que no siento el alma. Y pensar que cuando yo era muchacho eso estaba mantequillita, virgen para escribirlo porque a nadie se le había ocurrido explotar que uno tiene esos aparatos instalados en su cuerpo, y de verdad que duelen…y muuucho. Recuerdo ese algún día, en mis parrandas amanecedoras, cuando me volvió a la irrealidad de las madrugadas “jateras” aquel bochinche inspirador de alguien más avispao que me ganó, poetizando que “si naciste sin corazón en el pecho, tu no tienes la culpa de ser así”… o el otro que replicó “corazón, corazón, corazón, estás enguayabao, si ella no te dio su amor es porque no le has gustao”, estuve a punto de pensar que alma y corazón cursilería son. Entonces decreté maduramente (así como el que pone o quita una estrella sin mucho protocolo) que haré todo el esfuerzo para no padecer de esos males tan patrióticos ellos, pero endebles y fugaces como bonos, perniles decembrinos y el Clap.
Aparto el cuaderno y me pregunto: cuándo nos imaginamos estar entre ese río de gente cruzando desde el terruño amado, rumbo a otras tierras desconocidas, entre maldiciones y empujones de autoridades; huyendo del desbarajuste inducido por el pésimo gobierno, suplicando auxilio ante no se sabe quién… Usted, que se reía y malbarataba la gasolina de a real el litro, sin hacerle caso al chofer del camión del gas, que le jalaba bolas para que le comprara una bombonita por el amor de Dios “y si quiere se la fío hasta el mes que viene”. Y usted, que le decía: chico vente después porque ahorita voy al banco a buscar 50 mil bolos en el cajero porque necesito dar la cuota inicial de una camioneta que voy a comprar. Usted, comedor de carnes y pescados fresquecitos, de a cinco reales el kilo; burlador de dólares a cuatro treinta y amante del dame dos y guárdame tres pa´mañana. Tampoco se imaginó a sus hijos y sobrinos, olvidando entre cajas y gavetas sus títulos y credenciales universitarias, para anteponer sus cualidades de limpiadores de ventanales y pocetas, de cortadores de grama o mesoneros, para ganarse la vida lejos de este propósito inentendible que dividió el país y nos hizo sucumbir en un vacío escuálido que pocos entendemos, pero del que muchos disfrutan y sacan provecho millonario. Cómo saber qué diablos es lo que le duele a cualquier cristiano en este paraíso donde según la cúpula del gobierno y sus adulantes, hay que apartar la felicidad para caminar.
Pero, aunque no es fácil saber que duele, lo que si sabemos es que no es un dolor normal, cristiano, sino más bien un hormigueo en la planta de los pies con una picazón de cabeza, como el que tiene piojos; una soledad en la boca del estómago, que muchos llaman hambre; una tembladera sudorosa en las manos, que provoca salir corriendo…¿Pero hacia dónde?... una candelita repugnante entre pecho y espalda, que no hay pastilla que la apague. Todo en una combinación malintencionada y perfecta, similar a unas elecciones abstencionistas con Tibisay a la cabeza. Me invade un temor parecido al que surge cuando se va la luz y el humo de chamizas, jachos y yaques secos ataca desde el fogón, no hay agua para enjuagarse la boca, y el muchachito recala fastidiado de la bodega gritando “Mamá, que el cartón de huevos subió a cinco millones”. ¿Qué diablos será lo que me duele?




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